¡Ché? qué mal tango!

¡Ché? qué mal tango!

Fuente:Adital,25/06/2014 08:54 am



Jorge Faljo

Adital


Durante los últimos años del siglo pasado Argentina mantuvo a toda costa una paridad cambiaria demasiado alta para su moneda. Lo logró atrayendo capitales externos, vendiendo sus empresas y endeudándose. Era como estar en el primer mundo. Los argentinos disfrutaban de dólares baratos que les permitían viajar a sus clases medias por todo el planeta y comprar todo tipo de productos importados. Mientras tanto su propio aparato productivo se deterioraba.

En el esfuerzo de mantener alto el valor de su moneda establecieron una paridad cambiaria de uno a uno con el dólar y le dieron el rango de ley constitucional. De ese modo, creyeron, el tipo de cambio sería inmodificable y resistiría todo tipo de presiones. Pero no fue así.

La necesidad de hacer pagos en dólares por sus importaciones, por la repatriación de ganancias de las empresas extranjeras, por los intereses de sus deudas y porque el capital es esencialmente volátil superó la entrada de dólares. Ley o no ley no había dólares suficientes y hubo que devaluar. Les pasó lo que a México a fin de 1994. Era una de las crisis comunes de los países periféricos; en su caso el efecto tango, para México los países ricos le llamaron el efecto tequila; en Brasil el efecto samba.
Argentina quedó con una economía maltrecha y sin posibilidades de pagar sus adeudos externos. La crisis financiera del 2001 llevó a la cesación de pagos por alrededor de 95 mil millones de dólares. De ese modo se inició un largo proceso legal y de negociaciones con sus acreedores. El país quedó excluido del financiamiento internacional.

Sin embargo el problema de su deuda externa seguía inconcluso. En 2005 y 2010 ofreció a sus acreedores externos una reestructuración de la deuda. Se trataba de canjear los bonos de deuda anteriores por otros nuevos con una fuerte quita de capital. Ofreció pagar solo el 30 por ciento de la deuda original y a plazos. Alrededor del 93 por ciento de los inversionistas aceptaron, así fuera de mala gana.

La transición política fue accidentada; llegó a tener cinco presidentes en dos años. Pero finalmente definió una política nacionalista y desafiante del modelo globalizador mundial y de la sumisión al capital financiero. La suspensión de pagos primero y la reducción de la deuda le permitieron a Argentina, ya con una moneda barata, retomar el camino del crecimiento sobre la base del fortalecimiento de su mercado interno.

Los argentinos tuvieron que vacacionar dentro del país y consumir productos nacionales dado que los externos se encarecieron fuertemente. Pero este consumo de lo nacional permitió la reactivación de la economía y el empleo y el mejoramiento salarial. Esto se tradujo en una década de muy alto crecimiento.

Sin embargo el pleito con la minoría de inversionistas que no aceptaron la reestructuración siguió un camino rudo. La señora presidente Cristina Fernández de Kirchner no puede viajar fuera del país en su avión presidencial porque corre el riesgo de que se lo embarguen.

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