Prepara el terreno para plantar en él la semilla de tus sueños





Prepara el terreno para plantar en él la semilla de tus sueños

Por Ana Cecilia Vera

Resumen: ¿Qué tiene que ver nuestra vida con una huerta? ¿Cuál es ese terreno al que me refiero? Entérate ahora leyendo el artículo.


Cuando era niña vivimos en Asunción del Paraguay por cinco años junto a mi familia y recuerdo que en la escuela teníamos una materia que se llamaba “Agropecuaria”.

En ella nos enseñaban, además de muchas otras cosas, cómo crear y mantener una huerta. Todos los sábados íbamos junto a mis compañeritos y nuestro profesor a un lugar especial de campo para aprender cómo preparar la tierra, cómo sembrar las semillas y cosechar las verduras. Fue una experiencia muy linda para mí y la quiero relacionar con nuestra vida porque me acuerdo lo que hicimos cuando llegamos por primera vez al campo para preparar nuestra huerta y durante todo ese maravilloso tiempo.

Estos fueron los pasos que ejecutamos para crear nuestra huerta...

1) Reconocimiento del terreno: Llegamos al campo, encontramos que el terreno estaba sucio, lleno de hierbas malas, bichos, etc. Junto a mis compañeritos y mi profesor comenzamos a limpiarlo; pero ¿qué hicimos primero? Lo reconocimos, vimos en qué estado se encontraba, nos dimos cuenta cómo era el panorama general. Y este primer paso es lo que tratamos de hacer con nuestra vida cuando queremos impulsar un quiebre radical que marque un antes y un después. Tratamos de mirar con otros ojos, observar un poquito más, identificar el terreno preguntándonos: ¿Cómo estamos? ¿Cuál es el entorno en el que estamos inmersos? ¿Cómo es nuestro entorno familiar? ¿Cómo es ese entorno en el que queremos desplegar nuestros sueños? Esto es importante para prepararnos responsablemente y dirigirnos hacia ellos.

2) Limpiar el terreno: Una vez reconocido el terreno recuerdo que comenzábamos con la limpieza del mismo. Limpiamos todo aquello que estaba molestando porque allí íbamos a plantar nuestras semillitas. Pasamos el rastrillo y otras herramientas para ayudarnos a mover la tierra y sacar toda la suciedad que luego pudiese impedir el crecimiento de las verduras que queríamos cosechar.

3) Preparar el espacio para sembrar:
  Una vez la tierra estaba limpia, comenzamos a crear los surcos que definirían los panes de tierra; les dábamos lugar dividiéndolos con pequeñas canaletas para que el agua del riego pudiese drenar. Qué parecido tiene todo esto a nuestra vida, ¿verdad? Si no preparamos la tierra, si no la limpiamos, si no le damos ese lugar que necesitan nuestros sueños para crecer, esas semillas nunca podrán crecer fuertes y sanas.

4) Sembrar: Una vez teníamos listos estos panes de tierra separados por las canaletas, recién en ese momento pudimos comenzar a sembrar nuestras semillas con sumo cuidado. Teníamos semillas de lechuga, tomate, zanahoria, etc. La verdad es que no podíamos tirar las semillas así como así sin cuidado y mezclarlas unas con otras. Me acuerdo que lo hacíamos cuidadosamente, sembrábamos una semillita al lado de la otra como para que después la cosecha sea ordenada y puedan crecer sin molestarse unas con otras, además de que cada tipo de verdura tenía sus propias reglas de siembra.

5) Cuidar el crecimiento: Una vez que ya teníamos sembradas nuestras semillas comenzamos a cuidar estas verduras mientras iban creciendo. Esto es lo mismo que tenemos que hacer con las semillas de nuestros sueños en nuestra vida. Cuidarlos mientras los vamos concretando paso a paso hasta que finalmente se manifiestan en nuestra realidad. Necesitan que los cuidemos observando ese proceso para que puedan crecer sanos, para que nada los paralice y nuestro camino se desarrolle lo más fluidamente posible.

6) Cosechar: Cuando ya las verduras estaban listas recuerdo que íbamos y las cosechábamos. Cortábamos los tomates, acelgas, zanahorias y las llevábamos contentos a nuestras casas. Era una alegría y felicidad inmensa cuando llegaba ese momento. Lo celebrábamos con una gran fiesta. Es lo mismo que sentimos al ver nuestros sueños cumplidos y por supuesto lo vuelvo a relacionar con nuestra vida. ¿Nos reconocemos en esos sueños y logros cuando los cumplimos? ¿Nos tomamos el tiempo para felicitarnos, reconocernos y así volver a empezar con una energía renovada?

Si hacemos la analogía de la huerta con nuestra vida… la tierra, ese terreno, es nuestro SER INTERIOR.

Después de cosechar nuestras verduras no descuidábamos de ninguna manera el terreno. Recuerdo que volvíamos a ese campo, cada sábado que teníamos clase, y cuidábamos la tierra, limpiábamos lo que se hubiera ensuciado en esa semana, regábamos, etc. En fin, hacíamos todo lo que necesitaba nuestra hermosa huerta. Nunca dejábamos de cuidar el terreno. Queríamos seguir sembrando para poder cosechar nuevas verduras.

Y lo mismo pasa con nuestra vida. Ese terreno interior de cada uno de nosotros necesita que lo cuidemos. Y si a partir de distracciones que aparecen nos desconectamos de nosotros mismos, tenemos que saber que siempre podemos volver encontrarnos. Volver a nuestro eje, darle ese cuidado de tierra que estamos hablando para que cualquier nuevo proyecto o nueva semilla de sueño podamos sembrarlo allí que es desde donde nos vamos a impulsar para concretarlo.

Y con esta pequeña anécdota y analogía hecha quería invitarte a CUIDAR TU TIERRA.

Cuida TU SER en todos los aspectos en los que veas que lo necesita. Esta es la plataforma desde la cual te vas a impulsar a donde desees. Es muy probable que muchos de tus sueños estén retenidos en un terreno que aún no está preparado.
¡Prepáralo!


¿Qué le falta?
¿Qué necesita?
¿Qué te dice desde lo emocional?
¿Qué te dice desde lo corporal?
¿Qué te dice desde lo mental?




 





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