¿Malas noticias? 3 consejos estratégicos para procesarlas

¿Malas noticias? 3 consejos estratégicos para procesarlas

Fuente:ESTRATEGOS,09/07/2021 04:00 pm



Por Carlos Nava Condarco


¿Existen realmente las malas noticias? Muchos dirán con propiedad que la realidad es neutra, y que cada quién le otorga la categoría que quiere. Las malas noticias, afirmarán, son cuestión de percepciones, nada más. Pero en todo caso, hay que entender que como tales de hecho afectan estados de ánimo y decisiones.



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¿Cuál es por lo tanto la forma estratégica de procesarlas?


El pensador estratégico comparte muchas premisas del “ethos del guerrero”. En el entendimiento de la realidad y su forma de actuar sobre ésta coincide en lo siguiente:


1.- Para el guerrero, la sabiduría radica en aceptar la realidad tal como es y no como hubiera querido que sea.


2.- El coraje se manifiesta en el hecho de actuar de la mejor manera posible sobre las circunstancias reconociendo lo anterior.


Ante malas noticias corresponde aceptar la realidad tal como es y no resistirse a ella de ninguna manera. Y en segundo lugar, ACTUAR con coraje e inteligencia en el marco de las condiciones planteadas.


El pensador estratégico no pelea nunca contra la realidad, porque sabe perfectamente que es una lucha perdida. La acepta primero y tiene luego el coraje para actuar y, eventualmente, transformarla. Esto de la “eventualidad” responde a otra premisa estratégica: porque muchas veces lo que se considera negativo puede concluir siendo todo lo contrario. Éste es el mundo simple y práctico de la Estrategia, uno ajeno y misterioso para las mentes mediocres.


Las “malas noticias” no deben consumir mucha energía, ni física ni psicológica. Ella no debe malgastarse en preocupaciones, debe estar reservada para la acción.


Mientras la masa anónima pierde equilibrio emocional ante malas noticias, el pensador estratégico las procesa convenientemente y actúa sobre los hechos para tomar ventaja.


Hay tres consideraciones prácticas que ayudan en esto:


1.- El hecho de CONTEXTUALIZAR las “malas noticias”.-

Las malas noticias no son nunca un absoluto, por mucho que en ciertos momentos y circunstancias echen sombra sobre todo lo demás. La verdad es que mientras algo negativo se atraviesa en el camino, muchas otras cosas son positivas y absolutamente favorables.

El pensador estratégico sostiene un entendimiento holístico de su realidad, no la limita a eventos. De esto se trata la contextualización: colocar en su debido lugar y tamaño una situación, ni más ni menos. Por muy grande que sea una “mala noticia” nunca involucra toda la realidad. Ella siempre se encuentra formada por otros elementos de signo favorable.

Las personas que no tienen capacidad de contextualizar los hechos que suceden, terminan afectando el conjunto por causa de las partes. Y las cosas deben hacerse precisamente al revés: el conjunto debe condicionar la parte. Y las “malas noticias” son siempre una fracción, nunca el todo.

No faltan individuos que calculan tener una vida llena de males, pero esto solo es verdad en casos patológicos. La abrumadora mayoría puede reconocer las bendiciones que les da la vida permanentemente, incluso en el simple hecho de despertar a un nuevo día.

Contextualizar apropiadamente las “malas noticias” es algo práctico. Utilizar la energía positiva que representan todas las cosas buenas que se tienen y suceden en la vida, permite superar las situaciones desfavorables con mayor facilidad. Esto es como el bosque que actúa para abordar el mal de uno de sus árboles.

El pensador estratégico “utiliza” las buenas noticias que existen en su vida para actuar con ventaja sobre las malas. Nunca permite que estas últimas ensombrezcan la verdad que representan las primeras. Para esto sirve la contextualización.



2.- Visualización negativa.-

Una vez que las malas noticias han sido contextualizadas, es bueno concentrarse específicamente en ellas y visualizarlas en todos sus ángulos y los efectos que puedan tener.

¿Cuál es el peor escenario al que pueden conducir estas malas noticias? ¿Qué es lo peor que puede suceder?

Visualizar las cosas así y racionalizar las conclusiones, permite que se moderen la mayor parte de los efectos potenciales. Lo “peor que puede pasar” constituye en sí mismo un remedio para los males menores. Las medidas que se pueden tomar para un caso extremo (hipotético), resuelven las situaciones menos complejas.

Ahora bien, cuando este ejercicio se pone en práctica sin inteligencia estratégica (entiéndase sin sabiduría y coraje), puede producir ansiedad y temor. Muchos se sienten más cómodos evadiendo la realidad o las probables formas que ésta adopte. Para ellos, las “malas noticias” no son eventos emergentes, más bien obstáculos que los bloquean por largos periodos de tiempo.

El “software” del pensamiento estratégico lo constituyen los “Principios Estratégicos”, razonamientos y prácticas sometidas a las pruebas del conflicto y la adversidad durante miles de años de historia. Esto es, en una palabra, CONOCIMIENTO.

El pensador estratégico no desprecia nunca el conocimiento y la experiencia que puede acumular a partir de él. Y las “malas noticias” son, en este sentido, una fuente valiosa. Le indican dónde están y cómo son los “campos minados” que debe evitar. Por esto no las rehúye. Por el contrario, visualiza sus potenciales efectos hasta el extremo.



3.- Transformación.-

Finalmente, y por efecto del coraje para actuar, las “malas noticias” deben transformarse en eventos positivos. Esto también es una cuestión de percepción. Toda situación inesperada o desagradable engrosa la experiencia y proporciona armas para trabajar en el futuro.

En el marco del “ethos del guerrero”, los soldados “veteranos” son los que han superado muchas situaciones a lo largo del tiempo, especialmente duras y molestas. Esto los califica, no la benignidad. Si un guerrero no ha vivido y superado hechos complejos, no puede considerarse alguien fogueado en la refriega.

Las “malas noticias”, los problemas y la adversidad, forjan el carácter y definen la experticia. Transforman al combatiente bisoño en un guerrero preparado para la victoria.

La transformación se produce por entender primero que todo tropiezo o mala noticia puede ser un fundamento. Ésa es la percepción adecuada. Tenerla dependa de cada quién, no es algo que viene determinado por el destino. Es una decisión personal.

Bien lo decía John Milton: “La mente es su propio espacio. Y en sí misma puede convertirlo en un cielo o un infierno, en un infierno o un cielo”.


 

 

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